¿Crees que la vida te debe algo?

La vida me lo debe” o “creo que me lo merezco” son expresiones que seguro que has oído a alguien o tal vez tú mismo las has dicho alguna vez. Qué hay detrás de esto, a qué se refiere realmente una persona cuando cree que la vida le debe algo.

 

Hay personas que creen que la vida se basa en una relación de sucesos buenos y malos, a partes iguales, siempre guardando un equilibrio. Con lo que si te sucede algo bueno seguro que dentro de un tiempo algo malo te va a pasar para compensar. A más felicidad, más probabilidades de que te pase una desgracia. De la misma manera, cuando las cosas no salen como uno quisiera o se tienen problemas y te enfrentas a adversidades varias, esperas que dentro de un tiempo algo bueno te suceda para compensar. Es entonces cuando oirás ese, “¡ya iba siendo hora de que algo bueno me pasara!”.

Otras personas, se apoyan en la creencia en que la vida es como un boomerang y lo que lanzas, tarde o temprano te viene de vuelta. De ahí expresiones del tipo “la vida pone a cada cual en su sitio” o “tiempo al tiempo”, frases con las que yo me identifico mucho o me quiero identificar más bien, porque la última vez tuve que esperar 10 años para verlo. Más que nada es porque te da cierto consuelo ante situaciones que creemos injustas hacia nosotros, una especie de derecho al pataleo. Y la verdad es que después de tanto tiempo esperando a ver el boomerang venir de vuelta, la supuesta injusticia o el agravio sufrido deja de tener sentido. Incluso cuando mayor se hace una, de madurez digo no de años…pues esa necesidad de decir “jo-de-te” pierde intensidad. El otro día un amigo me dijo que la empresa en la que yo trabajaba iba mal, y en vez de la sonrisa triunfante y ese “¡que les den!” en el que hubiera pensado hace tiempo, me di cuenta que ni la empresa iba ir mejor por estar yo, ni va mal porque yo no esté. Las cosas pasan y punto. Y de eso va la vida, de que te pasen cosas.

Otra clase de personas en las que he observado esta idea, son los eternos inconformistas.

¿Conoces a alguno? Nada es suficiente, nada les llena, no son capaces de mantener la ilusión por una nada durante mucho tiempo, no se sienten en ninguna circunstancia completamente felices porque siempre haría falta algo más. Parece que están resentidos con el mundo por lo que son o tal vez por lo que no son, puede que ambas cosas. Críticos con todo y con todos, están a la espera de que algo, que ni siquiera ellos saben qué, les sea dado para sentirse completos, para sentirse satisfechos. Pero quién se lo tiene que dar, quién se lo debe.

De los eternos inconformistas, podemos pasar a los eternos resentidos.

Existen muchas personas así, en el entorno laboral me encuentro un montón, algunos  guardan muy adentro un  sentimiento de culpa y de responsabilidad por su situación actual, son conscientes en lo más profundo de su corazón que cuando tuvieron la oportunidad de hacer algo, de tomar partido o de mostrar proactividad con sus decisiones no lo hicieron y eso corroe más que el óxido el ánimo y el alma. Se muestran agresivos en sus formas, les hablas de responsabilidad y compromiso y se te tiran a la yugular.

El resentimiento en cualquiera de los ámbitos, yo creo que es el sentimiento más inútil que hay,  sin embargo es uno de los más poderosos, persistentes en el tiempo y corrosivos.

Hay una frase que no sé de quién es pero  sí recuerdo la persona que me  la dijo y desde entonces la tengo muy presente: ” El resentimiento es el veneno que me tomo yo para que te mueras tú.”

Otras ocasiones, lo que percibo es una negación absoluta del cambio, enfurruñados como niños pequeños ante una situación que quieren negar. Ahora me enfado y no respiro.

En cierta ocasión, recuerdo un trabajador de una empresa que me sacó a relucir lo que cobraba…en pesetas…en tiempos de, cuando los de ahí arriba y señalaba con el dedo al techo (este es un gesto muy habitual cuando se refieren a la gerencia). ¿En serio? Una persona que sostiene en su cabeza el único pensamiento de cualquier tiempo pasado fue mejor, y yo quiero que todo sea como antes, se vuelve una persona resentida con la vida, sin ninguna proactividad y ningún compromiso ni consigo mismo ni con la organización que lo aguante.

¿Conoces a alguien que siempre echa la culpa de sus problemas a los demás? Siempre hay algún factor externo o alguien culpable de sus problemas, el gobierno, la economía, el tiempo, el gerente de antes, el gerente de ahora…

Hablan de las personas que tienen éxito o que consiguen lo que ellos quisieran de forma despectiva, no son capaces de apreciar el esfuerzo ni las capacidades de los demás. Todo el mundo tiene suerte menos ellos. Y el caso es que no están dispuestos a poner de su parte para cambiar las cosas porque “la vida se lo debe”. Creen que saben y valen más que los demás, en sus palabras y su mirada hay un toque de amargura que nos deja entrever que no tienen lo que creen que se merecen y que la vida no se lo acaba de dar.

“Estar preparado es importante saber esperar aún más, pero aprovechar el momento adecuado, es la clave de la vida. A Schinitzler.

 

La vida es una sucesión de hechos, situaciones y experiencias y no siguen un orden ni hay una cantidad establecida de cosas buenas y cosas malas para cada uno. A la gente buena les pasan cosas malas y a la gente mala les pasan cosas buenas, porque la etiqueta de bueno o malo, tiene el sentido que cada uno le quiera dar. Y en otras ocasiones las cosas pasan y punto, sin falta de buscar culpables ni señalar víctimas.

Es más fácil dejar en manos de “la vida” el conseguir nuestras metas, que aceptar el reto y asumir la responsabilidad de nuestras acciones. Si crees que la vida te debe algo y vas a sentarte a esperar a que te lo dé, tú mismo, es tu decisión. Si decides hacer algo mientras tanto te llega ese regalo del universo, empieza por reflexionar sobre las cosas que están en tu mano hacer, que te acerquen a eso que tanto quieres.

A la vida no puedes pedirle responsabilidades, no puedes mandarle al cobrador del frac ni meterla en la lista de morosos. A cambio, fíjate si es generosa, que cada día te da una oportunidad de cambiar.

En tu mano está aceptar el trato.

 

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